Espero de pie, impaciente. Clamo al cielo y solo el silencio regresa a modo de respuesta. No te oigo. Tal vez no sepa escucharte. Mis sueños te pertenecen. Abres puertas y nadie puede cerrarlas, las cierras y nadie logra, ni siquiera, entornarlas. Espero tu voz como luz del alba. Mis huesos entumecidos por el sufrimiento anhelan la calidez de la esperanza. Exclamo súplicas, no me respondes. Mi alma se funde en lágrimas. Mis sueños luchan por poder estirar sus alas y volar bien lejos. Todo depende de ti, de tus tiempos, de tu misericordia. Alzo mis manos y abrazo el vacío. ¿Dónde estás? ¿Callarás para siempre? Mas sigo clamando, rogando, bramando la desesperación que necesita ser disuelta con respuestas. Espero de pie, preparada. No pienso vivir de rodillas.
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lunes, 6 de mayo de 2013
Espero
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