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lunes, 19 de octubre de 2015

En fila india


Hace algunos años que me vine a vivir a la província de Girona. No había visto conducir peor en toda mi vida. Los adelantamientos son gratuitos, no importa a la velocidad que vayas, y los hacen sin precaución, en línea continua, en cambios de rasante, en curvas cerradas sin visibilidad... en fin, asombrosamente peligroso. Por lo que conducir sin respetar las lineas divisorias de carril, no debería cogeros por sorpresa. Pocas personas conducen por el carril sin salirse, si hay una curva, acortan invadiendo el carril contrario con tal de no girar un poco más el volante.

El otro día me di cuenta de que si el coche de delante no va por su carril y se va desviando a derecha o izquierda, tú tienes que esforzarte tres veces más para no imitar su conducción porque si no te das cuenta, comienzas a invadir, por poco que sea, el carril contrario ya que coges como guía el coche de delante.

Y así, sin más, pensé en mis hijos. Los padres vivimos nuestra vida y muchas veces perdemos de vista que somos el referente de nuestros hijos. Que si nos desviamos de lo correcto, ellos van a imitar nuestro comportamiento y si tenemos la suerte de tener unos hijos que sean buenas personas y quieran rectificar nuestro mal comportamiento, deberán esforzarse el triple para lograrlo, porque nosotros, los que vamos delante, no le hemos dado una buena referencia y le complicamos la existencia.

Ésto me preocupa. Con frecuencia me pregunto: ¿seré buena madre?, ¿estaré siendo buen ejemplo para mis hijos? ¿Hasta qué punto les estaré dificultando su viaje con mis errores?

Y me examino y no siempre me gusta lo que veo, pero ese es el primer paso, el segundo es esforzarse y enderezar el volante por amor a los que nos pisan los talones.

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